Se ha marchado el día, como de puntillas,
sin hacer ruido, sin esperar a que suene la sirena.
Nos ha dejado atrás,
abrazados, consumiendo un tiempo que nos pertenece,
pagado con el esfuerzo de una paciencia esculpida en silencio,
dispuesta a ser la base sobre la que un futuro sea establecido.
El día nos ha dejado juntos, y el alba así habrá de encontrarnos.
Heridos por la desdicha de una separación involuntaria.
Sumidos en recuerdos de cuerpos tibios
y en sueños de reencuentro.
Amada mía, búscame esta tarde.
Me acurrucaré tras el seto de tu camino,
esperando que pases alegre, alegre, alegre silbando.
Pasa por el lugar convenido
y todo el arte
y todo el tiempo,
los pondré a tus pies.
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