Se marchó la niebla en mitad de la noche tan
rápido que apenas vi un destello fugaz reflejado
en el espejo blanquecino,
restos de una marea que inundó la cabeza hace horas.
La escalera avanza hacia mí pero estos
ojos no se fijan en ella, entornados un poco más
se sorprenden de seguir abiertos ante
una televisión de la que no saco nada más
que polvo blanco.
Me voy de esta habitación aunque
mis pies continúan apoyados en un cojín rancio
cubierto del barro de unas botas que ya no están y
que un día supusieron todo un tesoro, un hallazgo
del todo abrumador.
Tomo café lentamente, como si cada sorbo fuera
a despertarme y echara por tierra el relato que he
construido a base de sentimientos y sinsentidos.
Ya no importan las ruinas de Cartago ni
los dioses a los que otros veneran de forma
estúpida , ni los emperadores de tiempos
modernos, pendientes
de vanidad ajena y alago fácil.
No, las reacciones que antes me han
llevado de un extremo al otro de la habitación ahora
me marean, camino con ojos cerrados y me desplomo,queda
lejos ese cojín raído, aquel gato me mira indiferente, no
le intereso porque no existo, me desvanezco, no me importa.
El suelo no es frío, no es acogedor, el suelo no
es nada salvo un límite en mi caída, me ayuda
a conocer qué precio debo pagar por ser yo sólo, hace
un instante era mi mejor opción.
Se rompen las reglas más elementales desligando
esas normas que ahora, increiblemente, aparecen
para traer una sonrisa enmarcada en mi cara, cara feliz,
cara desdibujada, cara que es sólo fachada en
derribo, peligro de derrumbe.
Una luz ha aparecido desde el fondo de
la cabeza, justo debajo de una bombilla que
hace un minuto no estaba, maldito brillo, me mata.
Me apago nuevamente, entre brumas recién nacidas,
y el candil de mi boca me abrasa ya, debo
deshacerme de él cuanto antes, lo tiro a cualquier lado con
una incosciencia infantil, ajeno a mí mismo.
Voces, o una sola voz, no importa cuántos me ven,
la ignorancia me hace atrevido, ronroneo, me
acurruco en un suspiro dejándome llevar, el
gato ahora sí parece que vuelve su pelaje, qué limpio
se ve.
Me muevo, vuelo, me tumbo aún sin saber cómo,
y esas reglas físicas vuelven a no existir sobre
una cama en la que ya había estado otros dias sobre
la que se almacenan revistas, papeles y envoltorios
que no sé dónde compré.
No importa.
Mañana
podrá ser un nuevo comienzo, o
un regreso a mi dulce inconscencia,
veré
mañana.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario